Al Teatro Real con niños pequeños

Hace un par de fines de semana, me atreví a llevar a mis hijos al Teatro Real. No estaba segura de cómo resultaría la aventura ya que mis cuatro hijos están aún bastante pequeños y pueden ser tan dulces como caóticos!

¿Se quedarían quietos? ¿Molestarían a los vecinos? ¿Patearían las butacas frontales? O lo que es peor aún, ¿gritarían? ¿se pelearían entre ellos por estar “al lado de mamá” o “al lado de papa”?

Lo único que tenía claro era que, si nos íbamos al Teatro Real, tendría que ser a ver – por supuestísimo – algo adecuado a su edad.

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Buscamos una obra adecuada: El sastrecillo valiente de los Hermanos Grim, en una adaptación de títeres para niños. Ese mismo fin de semana ahí que nos dirigimos. Organizamos el plan desde temprano para que nos rindiera la mañana al máximo. Pensamos que si los niños iban a estar sentados – casi inmóviles – en las butacas durante todo el tiempo que dure la obra, era importante estar antes en algún lugar amplio para que quemen sus reservas de energías.

Mochila discreta con picnic, abrigos, ropa de calle y al Palacio Real! Paseamos un rato por la Plaza de Oriente, entramos a Misa de niños en la Iglesia del Real Monasterio de la Encarnación (donde durante los siglos XVII y XVIII se celebraban todos los funerales solemnes de los monarcas y familia real), que está a 15 metros de la plaza, donde los niños quedaron boquiabiertos con el retablo que es una verdadera obra de arte. A la salida, les ofrecí algún snack para que aguanten el hambre hasta después del teatro, que empezaba a las 12h00.

Entramos al Teatro Real no sin antes explicarles lo que íbamos a ver ya que, aunque mi hijo mayor ya había ido antes, los más pequeños pensaban que íbamos a cine! “No, no, aquí no hay pantalla y la música es en directo interpretada por una orquesta”. Toda una novedad para mis hijos post-millenials que desconocen el mundo analógico.

Subimos hasta la quinta planta – con niños de siete años, cinco años, tres años y quince meses, no me pongo en primera línea ni broma! – y nos sentamos en nuestras butacas. Me sorprendió que mucho otros padres también preferían las filas seguras del fondo ya que las galerías estaban casi completas, más que las de nuestros vecinos de abajo!

Se apagan las luces, empieza la música y mis hijos, en silencio. Salen los actores e inician sus diálogos y canciones. Mis hijos, en silencio y ojopláticos. Continúan las piezas musicales tocadas maravillosamente en directo por unos 8 músicos y mis hijos con la mirada puesta en la obra para no perderse ningún detalle! Toda la obra les enganchó y no era para menos porque estaba perfectamente pensada para infantes. Los colores, la música, los movimientos, todo casi didáctico.

Terminó la obra y los niños salieron felices tras reírse, cantar y comentar lo que acababan de ver, eso sí, con mucha hambre! Comimos tranquilamente nuestro pequeño bocata en una banqueta de la Plaza y a casa.

A decir verdad, fue una mañana preciosa y mis preocupaciones iniciales fueron totalmente vanas! Prueba superada … por ésta vez 🙂 

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un abrazo, 

Chily

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